El mundo se divide en dos tipos de personas: las que quieren volver a la oficina y las que prefieren quedarse en casa, teletrabajando. Confieso que pertenezco al primer grupo. He realizado programas de radio y televisión desde mi despacho. He dado conferencias y clases, sacándome de la manga recursos y entretenimientos. Como tanta gente, he asistido a un montón de reuniones, metida de lleno en plataformas que ni siquiera sabía que existían en los tiempos prepandémicos. Y ahora sigo un curso ‘on line’ para dar clases ídem en ‘streaming’, donde la profesora aconseja ¡inventarse sesiones multisensoriales para motivar a los estudiantes! ¿Y el teletrabajo, pues? En mi opinión, es complementario siempre; substitutivo, nunca. Porque nada se ha descubierto más eficiente y estimulante en los equipos que la interrelación y el contacto humano.

Claro que, para muchas otras personas no tener que ir a la oficina es genial, y ese es su principal argumento. Se han acostumbrado a la flexibilidad de horarios y no están dispuestas fácilmente a renunciar a ello. Pero no nos engañemos: menos de una cuarta parte de empresas son susceptibles de incorporar el teletrabajo. Para ello, hay que disponer de recursos, objetivos y estrategias bien definidos o la productividad se resentirá. Y hay que asumirlo. Aunque el debate circula por otros derroteros, como: ¿las empresas pueden obligar a los trabajadores a desplazarse al centro de trabajo? ¿Cuántos días a la semana? ¿Quién paga el recibo de la luz, el wifi, la silla ergonómica, el ordenador o una parte del alquiler? El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, avisa de que, si las condiciones que le obligan por ley son imposibles, contratará a trabajadores de Portugal.

El teletrabajo durante la pandemia ha sido una emergencia. Ahora hay que ser cautos. Estamos ante una oportunidad o una trampa, especialmente para las mujeres con hijos a cargo. Para muchas, ha sido un infierno. Ojalá que ahora prevalezca la voluntariedad y el sentido común. O veremos cómo los despidos se ejecutan en un plis plas. Eso sí, por pantalla.

Foto: Mònica Serra.

Article publicat originàriament a El Periódico de Catalunya, el 29 de juny de 2020.

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